Partos Traumáticos

En ocasiones, el parto no resulta ser como lo imaginábamos. Nuestras propias expectativas de nuestro plan de parto pueden jugarnos malas pasadas. En mi experiencia personal, deseaba un parto lo más natural posible, pero por motivos diversos, me acabaron realizando una inducción, que es el parto menos natural de todos, que acabó en cesárea. Ironías de la vida las llamo yo.    

Hay tres tipos de parto: natural, vaginal (con o sin instrumental) o por cesárea.

Lo que diferencia significativamente al parto traumático es la experiencia emocional sentida durante el proceso. Por lo general, conlleva emociones o sentimientos intensos de soledad y/o dolor emocional.

Hay que tener en cuenta que el parto no suele ser un proceso rápido, yendo todo bien para una madre primeriza la media es de 14 horas. En muchas ocasiones dura bastante más. En cuanto a la duración del proceso también es relevante si fue por inducción, o si el proceso se detuvo. En estos casos, suele alargarse el proceso y los médicos introducen las versiones artificiales de las hormonas oxitocina y/o prostaglandinas que, por lo general, suelen ocasionar un dolor físico intenso.

Fotografía por Janko Ferlič

Es un momento muy delicado y vulnerable, tanto para la madre como para el bebé. En las clases preparto y en todo lo que concierne a la preparación al parto, recomiendan un ambiente de seguridad y tranquilidad donde la madre pueda estar relajada. Desgraciadamente, no todas las salas de parto son acogedoras, los hospitales suelen resultar más bien fríos e impasibles.

Al margen de lo acogedor del lugar, las personas que acompañan a la mujer que está de parto tienen un papel vital para que la experiencia sea saludable.

En uno de los casos que he tenido el honor de atender la protagonista sufría de episodios flashback, o recuerdos intrusivos del parto, en los que el doctor que la ayudó en el expulsivo no dejaba de decirle que lo estaba haciendo mal y era malo para su hij@. Esto, la hizo sentir una culpa tremenda, ineficiente, inútil y, que estaba dañando a su bebé. Una parte de ella quedó secuestrada en el dolor de esta experiencia, y esto, la impedía estar presente y alegre con su bebé en el día a día. Se sentía triste y se desvalorizaba pues su auto concepto y autoestima se habían visto dañadas. No fue hasta que no realizamos un trabajo reparador al respecto que no pudo aliviar las sensaciones corporales de malestar emocional y pasar página.

Cuando la experiencia es traumática podemos tener:

  • Flash backs
  • Pensamientos intrusivos
  • Imágenes o recuerdos intrusivos
  • Sueños y/o pesadillas
  • Despersonalización
  • Disociación
  • Entre otros

Esta es la manera que tiene nuestro cerebro de decirnos: ¡Oye! ¡aquí hay que mirar esto! es cómo si nos señalara el camino hacia la curación. Lamentablemente, la mayoría de las veces no le hacemos caso.

Es importe que la madre pueda neuroprocesar la experiencia de parto vivida para que su cerebro pueda integrarla y ésta no quede encapsulada y disociada.

Neuroprocesar el parto traumático no sólo beneficia a la madre, la simbiosis o vínculo madre-bebé también se ve beneficiado. Integrar la experiencia ayuda a la madre a estar más presente para su bebé pues la energía que dedicaba su cerebro a sobrevivir al dolor de la experiencia traumática queda liberada.

Como Psicoterapeuta especializada en neuroprocesamiento del trauma, sé que puedo acompañar a las mujeres que han vivido un parto traumático y liberar las emociones y sentimientos de malestar que han quedado atrapados en el cuerpo. Esto permite que las madres recuperen la energía que estaba encapsulada por el trauma y, se puedan vincular con sus bebés con mayor facilidad favoreciendo la Crianza Amorosa.